Y como he estado haciendo desde hace algunos años (salvo en 2023),
haré un resumen de las obras literarias que he leído en todo para establecer
cuáles considero fueron más difíciles o un reto de leerlas. Además, mencionar qué
trabajos fueron una sorpresa en el sentido de que no tenía altas expectativas
de ellas y me encantaron o aquellos de los que esperaba algo maravilloso, pero
no me convencieron.
No siendo más, empezaré:
La importancia de ser formal de Oscar
Wilde – Ignorando el asunto del título, la obra de teatro podría ser divisiva:
puede que la disfruten por sus juegos de palabras y por los personajes
arquetípicos o puede que no sea una obra accesible por la misma razón. Sin
embargo, estos juegos de palabras hacen que sea la obra más compleja de Oscar
Wilde, por lo que es recomendable leer y analizarla de a poco.
Escupiré sobre vuestra tumba de Boris Vian – Esta novela es de esas cuya trama tarda en empezar
por lo que si te gustan las novelas en las que la trama inicia desde el
principio, no es para ti. A eso se le suma que el protagonista es una persona
con la que es difícil empatizar porque descarga su ira en dos muchachitas que
nada tienen que ver con los aquellos que le hicieron daño a su familia, por más
víctima del racismo que él lo sea. Escupiré
sobre vuestra tumba es un ejemplo de cómo la violencia solo trae más
violencia.
¡Guardias! ¡Guardias! de
Terry Pratchett – De esta novela tenía muchas expectativas porque me había
gustado Papá Puerco, pero alguna
razón desconocida no me convenció y a día de hoy no entiendo por qué. Fuera de
eso, al ser una novela de estilo continuo, sin división de capítulos, la novela
puede ser un reto. Ideal para aquellos que gustan del estilo detectivesco.
Alice de Milena Agus – Una novela sobre la búsqueda
de la identidad y de una nueva vida. Un edificio de apartamentos en el que la
protagonista y los inquilinos conviven y aprenden a entenderse tanto entre sí
como a sí mismos. Sin embargo, al tener un ritmo lento, algo típico de las
novelas psicológicas, leerla puede ser un reto y no muy accesible para todos.

Fiebre romana de
Edith Wharton – De nuevo una de las grandes escritoras de la alta sociedad
estadounidense y una de mis autoras favoritas. Una historia llena de intrigas,
traiciones, rivalidades y disputas, como si ambas protagonistas fueran dos
aspirantes al título de emperador de Roma (no es sorpresa que Wharton llamara
al cuento así). De esta manera, Wharton también mostró el lado oscuro y podrido
de las relaciones interpersonales entre mujeres, al retratar los extremos a los
que pueden llegar para evitar que su rival se quede con lo que ellos consideran
suyo. Pero su final en particular es impactante e inesperado. Una lectura altamente
recomendada.

La panza del Tepozteco de José
Agustín – Aunque me gusta la idea de que los niños aprendan mucho de los dioses
y estos de ellos, el hecho de que el lector sepa de las personalidades de los
personajes a través de los dioses y no a través de una construcción lenta pero
continua puede ser decepcionante. Además, la longitud de los capítulos a pesar
de su sencillez puede ser un desafío para el lector.
El club de la buena estrella de Amy Tan – Una novela que refleja los vínculos entre madre e hija,
pero también como el choque cultural generacional entre ambas en el que las madres
buscan que sus hijas acepten sus raíces chinas y cómo las hijas buscan entender
a sus madres. Altamente recomendada.
Las aventuras de Gato de
Daniel Rabanal – No tengo problemas con el concepto y el cómo Rabanal buscó
apelar a un público preadolescente y adolescente. Además, la calidad del dibujo,
que recuerda a los comics franco-belgas es excelente. Sin embargo, siento que
las historias se resolvían muy rápido, algo que no dejó tiempo para que los
personajes se desarrollaran de manera más profunda o que la trama lo fuese. Es un comic que yo recomienda para personas que se están iniciando en
el cómic franco-belga.
La carroza de Bolívar de
Evelio Rosero Diago – Al ser una novela que se desarrolla en Pasto, es de
esperarse referencias al Carnaval de Negros y Blancos y a la controvertida Campaña
de Pasto que realizó Simón Bolívar y que ha hecho que su figura sea objeto de
debate. Fuera de eso, es una novela que cumple puesto que mantiene su ritmo y
que quieres leer hasta el final. Si no fuera por su final precipitado y
agridulce, la consideraría excelente, pero igual la recomiendo.
Sin remedio de
Antonio Caballero – A través de una excelente narración, esta novela de más de
500 páginas abarca temas como la falta de identidad y de madurez, la corrupción
y la ineptitud de las autoridades, la hipocresía de la alta sociedad, las
influencias del inglés y del francés y la reivindicación de los valores
nacionales. Es una novela que cuando la terminas no sientes que hayas perdido
el tiempo en ella sino todo lo contrario: que quieres más. Altamente
recomendada.
R. U. R. (Robots Universales Rossum) de Karel Čapek – Aunque la alegoría a la lucha de clases y a lo
que puede pasar cuando no se tiene un plan luego de lograr el poder es
apreciable, por alguna razón esta obra de teatro no me convenció. Tal vez le
puse expectativas demasiado altas y no las cumplió. Si hay algo que hay que
aprender es no tener unas expectativas excesivamente altas.
Pequeño teatro de Ana
María Matute – Con una narración confusa y unos personajes con los que es
difícil empatizar, es una novela que no estoy segura de recomendar. O tal vez
es de esas novelas que se leen en el momento adecuado.
El siglo de las luces de Alejo Carpentier – Como la mayoría de las novelas de este autor,
tiene una narración enmarañada que puede confundir al lector, así que se debe
leer de manera detallada o leer al menos dos veces. Los personajes están más
desarrollados que en otras novelas de Alejo Carpentier, pero a cambio el
realismo mágico tiene menos presencia. Aun así, esta es una gran novela que
representa al boom literario latinoamericano.
Gabrielle de Bergerac de Henry James – Para ser un trabajo temprano de Henry James, ya se
puede notar que tiene elementos avanzados como el desarrollo de personajes, una
narración enmarcada y un giro argumental final bastante oscuro. No solo lo
recomiendo para aquellos que les gustan los trabajos ambientados antes de la
Revolución Francesa o los trabajos de Henry James, sino también para
cualquiera.
La dama negra y La
dama pálida de Alexandre Dumas – Estas
dos historias nos muestran dos tipos de terror asociados a los fantasmas y a
los vampiros, respectivamente. En la primera, la mujer busca que el elegido la
libere de su suplicio eterno mientras que en la segunda, la protagonista debe
liberarse de la criatura que la atormenta y que está matándola de a poco.
Aunque no están mal, son de esas historias que tal vez generaban más impacto en
su época. Las recomiendo.

El castillo de los Cárpatos de Jules Verne – Al principio pareciera una novela diferente de
sus habituales historias de ciencia ficción y nos va a presentar una novela de
terror; sin embargo, como cualquier trabajo de Verne da una explicación
científica a lo que ocurre, retratando el amor por las innovaciones
tecnológicas de este autor. No obstante, es un trabajo con el que se tiene que
tener la mente dispuesta porque al ser una novela tardía de Verne puede no ser
del agrado del lector ya que tiene un tono pesimista. En resumen, es necesario
tener la mente dispuesta para leerla. Ideal para aquellos que quieren una
narrativa de terror poco usual o una historia sobrenatural con un giro final al
estilo de Scooby-Doo.

Kallocaína de Karin Boye – Una novela que, en la línea de 1984 y Un mundo feliz,
busca mostrar cómo la libertad de pensamiento individual es atacada y
silenciada en un régimen totalitario y colectivista; de esta forma, acabando
con cualquier foco de disidencia. Aunque me gusta cómo se desarrollaron el
concepto, el tener una narración continúa sin capítulos ni pausas lo convierte
en una lectura más complicada de lo que debería ser, lo cual es una pena.
La
vida de un niño en Gales de
Dylan Thomas – Un relato que busca apelar a la nostalgia que un adulto puede
sentir por sus recuerdos infantiles, en particular de fechas especiales como la
Navidad. Si bien me gusta esto, el hecho de que primero inicie como una
narración cero y luego pasa a una especie de conversación complica de manera
innecesaria la trama.
Las Sorpresas del Año fueron Antes
de que se enfríe el café de Toshikazu Kawaguchi, Eso
no puede pasar aquí de Sinclair Lewis, El
olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince, Dark
Water (Agua turbia) de Kōji Suzuki y los mencionados El
club de la
buena estrella y Sin remedio.
En cuanto a las Decepciones del Año, estas fueron Perfume
de hielo de Yōko Ogawa, La tía Tula
de Miguel de Unamuno, El
método de respiración de Stephen King y los ya mencionados ¡Guardias!
¡Guardias!, La
panza del Tepozteco, R.
U. R. (Robots Universales Rossum) y La
navidad de un niño en Gales. De la novela japonesa no me gustó que
dejaran de lado el misterio de la muerte de la pareja de la protagonista;
siento que a la novela de Unamuno le falta algo que la haga llamativa, algo que
la hubiese hecho mejor; el final de El
método de respiración no es muy sólido y el relato de Thomas es innecesariamente confuso.
Al clasificar las lecturas de este año, me doy cuenta de que la
mayoría de las lecturas que me desafiaron en general me gustaron y me gustaría
que siguieran siendo así. Con esto me despido por este año y regresaré el 10 de
enero. Les deseo una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo.
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