RINOCERONTE
Hasta ahora, nunca le había dado una oportunidad al teatro de Eugène Ionesco. Pero el año pasado, mientras planeaba el calendario de este año me dijo: ¿por qué no analizo un trabajo de Ionesco? La elegida fue Rinoceronte, estrenada por primera vez en 1959.
Rinoceronte es una obra de teatro de tres actos que presenta cómo un
rinoceronte va haciendo de poco que los humanos que los humanos quieran también
ser como él, sin importar que tan fuerte sea su mente. Sin embargo, solo una
persona decide mantener su determinación y firmeza ante ello, permaneciendo
inmune a ellos.
Berenguer es el protagonista. Como consecuencia de su afición a
beber los fines de semana, a menudo anda mal arreglado, algo que Jean intenta
hacerle notar. Berenguer dice que bebe porque no se siente contento en la misma
existencia y entre la gente (Ionesco, p. 26), algo que explicaré más adelante.
Por su parte y en su terquedad, Berenguer se siente un poco molesto por esto y
quizá por eso se niega a aceptar cuando Jean ve a un rinoceronte, desestimando
los ruidos que oye o el causante de la muerte del gato de la señora Boeuf. De
hecho, es el único que cuando todos ven al rinoceronte, no solo no se asoma si
no que no repite que todos sí hacen, al menos en ese momento, como explicaré
más adelante. Él solo dice:
Me parece, sí, ¡era un rinoceronte! ¡Cuánto
polvo que levantó! (Ionesco, p. 17).
A pesar de su aspecto descuidado, Berenguer tiene cierto
temperamento y despreciar la actitud pretenciosa de Jean ya que él le hace ver
su conocimiento incorrecto sobre la cantidad de cuernos que tienen los rinocerontes
africanos y asiáticos, aunque de esto parece dudar conforme avanza la obra.
Al llegar trabajo en la oficina de publicaciones jurídicas, Berenguer
defiende la postura de Daisy y Dudard ante Botard, que no cree en la historia
del rinoceronte. Cuando un rinoceronte destroza las escaleras de la oficina,
Berenguer se dirige al apartamento de Jean para encontrarlo enfermo y con un
cambio cada vez mayor de ideas, para terminar viéndolo transformarse.
Berenguer está consciente de que no tiene la educación que tienen
los que lo rodean, por lo que se considera alguien que no tiene idea sobre qué
responder de inmediato. Sin embargo, es firme en el sentido de que no quiere
ser un rinoceronte, algo que lo ayuda a mantenerse firme ante los demás
rinocerontes.
Jean (Juan en algunas traducciones) es amigo de Berenguer. Aunque
no le gusta su falta de cuidado, aun así deciden mantener su relación. Parece
un hombre culto e inteligente a juzgar por intentar que Berenguer se arregle y
se cultive, pero en realidad es pretencioso, incapaz de tolerar hacía la
crítica y aún más intolerante a aceptarla, al mostrar su iracunda reacción
hacía su discusión con Berenguer sobre los cuernos de los rinocerontes y los
asiáticos.
Ya en su casa, se enferma y recibe la visita de Berenguer, el cual
presencia el cambio de actitud de Jean, que deja sus ideas intelectuales y
humanistas para adopta unas misántropas y al final convertirse en un
rinoceronte ante los ojos de Berenguer, que no puede hacer nada excepto correr.
Daisy es la secretaria en la oficina donde trabaja Berenguer y su
interés amoroso, aunque él cree que nunca la tendrá. Daisy es de las personas
que ve a los rinocerontes y afirma su creencia ante aquello que no creen en
ello. También creen en los OVNI.
Cuando Dudard decide convertirse en rinoceronte, Daisy queda junto
a Berenguer como únicos humanos en la ciudad. Daisy corresponde a los
sentimientos de Berenguer. Al principio ella parece estar feliz con Berenguer
pero conforme pasa el tiempo (y el acto III) y comienzan a discutir, la mente
de ella se va degradando a punto de que ella considera que el mundo no necesita
ser salvado de los rinocerontes, porque estos son los humanos y no acepta la
idea de Berenguer de formar una familia para recuperar la humanidad ni tampoco
su falta de empatía hacia los rinocerontes. Al final, ella considera que sus
opiniones son demasiado diferentes como para que ambos sean pareja y huye del
apartamento de Berenguer.
Dudard es uno de los trabajadores de la oficina. Es considerado con
un empleado con futuro, puesto que tiene una amplia educación y está en un
puesto de trabajo que podría terminar ascendiéndolo como el subjefe de la
oficina jurídica algún día, razón por la que Berenguer cree que no tiene
oportunidad ante él para ganar el corazón de Daisy.
Dudard es un hombre que da por sentido lo que dicen los demás, por
lo que le molesta que Botard no quiera creer en la existencia de los
rinocerontes. Además, él no ve ningún problema en los rinocerontes y en que
alguien se convierta en uno. Para él, todo tiene una respuesta por más dura que
sea. Incluso le pide a Berenguer que deje que los rinocerontes corran
libremente, que los traten bien e incluso que se una a ellos, algo que este no
quiere. Con su cada vez mayor deseo de ser parte de los rinocerontes, se les
une.
Botard es otro de los trabajadores de la oficina, caracterizándose
por su fuerte temperamento, por solo creer lo que él puede ver y su adicción al
trabajo, razón por la que considera que ir a un lugar como una iglesia es
perder tiempo de trabajo. De hecho, menciona la típica frase de que la religión
es el opio del pueblo. Todo ello parece venir de su antiguo trabajo como
profesor de escuela. Sin embargo, está claro que él tiende a perder el punto de
vista de lo urgente. Tiene una muletilla: ¡Pst!, que usa cuando alguien dice
algo que no le agrada.
Como es obvio, Botard no cree en la historia del rinoceronte y de
hecho lo ve como una confabulación de los periodistas, producto de la mente
impráctica de los universitarios o de la imaginación femenina, psicosis
colectiva o propaganda. Incluso cuando la señora Boeuf llega a la oficina tras
ser perseguida por un rinoceronte y que este destruye las escaleras, sigue sin
creer en ello hasta que Dudard le hace que el rinoceronte parece buscar a
alguien. Al ver la acción de la señora Beouf, Botard se conmueve por su sentido
de lealtad, pero él igual se empecina en demostrar que no hay tantos
rinocerontes como los bomberos y la gente asegura. Solo cuando el señor
Papillon se convierte en rinoceronte, él también decide hacerlo.
El señor Papillon es el director de la oficina de publicaciones
jurídicas. Es uno de los que da crédito al asunto de los rinocerontes, por lo
que decide renunciar a su cargo y unirse a su causa, es decir, se convierte en
rinoceronte.
La señora Boeuf es la esposa de un empleado de la oficina, el señor
Boeuf. En el primer cuadro del segundo acto llega de repente a la oficina luego
de que la persiguiera un rinoceronte, llevando a cuestionar la lógica y la
falta de ella sobre el rinoceronte. Cuando ella finalmente se asoma para
mostrarles al rinoceronte y que Dudard señala que el animal parece esperar a
alguien, ella se da cuenta de que el rinoceronte es el señor Boeuf. Por más que
su marido haya sufrido una grotesca transformación, ella siente que no puede
dejarlo ahora y que la necesita más que nunca.
Una característica de esta obra es la lógica. Un ejemplo de ello es
el personaje llamado El Lógico, que entabla un debate con su amigo anciano
sobre los gatos y sus patas, en el que hacen operaciones matemáticas sobre las
patas y cómo la falta de estas afectaría su capacidad para cazar ratones, algo
que hace que ambos asuman la lógica de que la justicia es lógica.
A la vez que la conversación entre ambos hombres tiene lugar,
Berenguer y Jean lo hacen también y Berenguer prácticamente repite lo que dice
el anciano. Cuando el anciano hace los cálculos matemáticos sobre las patas de
los gatos y da sus posibilidades, Jean le da Berenguer consejos para mejorar su
aspecto y cultivarse. Luego del surgimiento del segundo rinoceronte, las
conversaciones empiezan a contradecirse entre sí. Al yuxtaponer las
conversaciones entre los personajes, Ionesco juega con la lógica y hace que el
lector haga lo mismo, a la vez que este se envuelve en el poder de la palabra y
cómo esta misma se contradice.
Un tema de esta obra es el conformismo. Muchos personajes, al ver
la epidemia de rinocerontes, deciden aceptar como si nada en lugar de luchar
contra ella como decide hacer Berenguer. Por ejemplo, Jean y Dudard quieren
convencer a Berenguer que luchar es inútil y que reconozca que algunas personas
simplemente han decidido cambiar su manera de pensar. Por tal motivo, se han
convertido en rinocerontes.
Dudard: Entonces asimile el asunto y supérelo.
Dado que es así no puede ser de otra manera.
Berenguer: Eso es fatalismo.
Dudard: Es sabiduría. Cuando se produce un
fenómeno semejante, sin duda tiene un motivo para producirse. Ese motivo es lo
que hay que discernir (Ionesco, p. 110-111).
Cuando Berenguer dice que es necesario que las autoridades
reconozcan el peligro de los rinocerontes, Dudard no lo cree así y simplemente
le dice que no se entrometa.
Dudard: ¡Deje que las autoridades reaccionen
por sí mismas! Después de todo, me pregunto si, moralmente, tiene derecho a mezclarse
en el asunto. Por otra parte, sigo pensando que no es grave. En mi opinión, es
absurdo enloquecerse por algunas personas que han querido cambiar de piel. No
se sentían bien en la propia. Son libres de hacerlo, eso les compete (Ionesco,
p. 111).
Luego, Berenguer le dice a Dudard que hay que evitar que el mal se
impregne en la mente de las personas y que es necesario acabarlo: Pero Dudard
no cree que el bien y el mal sean algo concreto.
Berenguer: Hay que cortar el mal de raíz.
Dudard: ¡El mal, el mal! ¡Palabra vacía!
¿Podemos saber dónde está el mal y dónde está el bien? Tenemos preferencias, evidentemente.
Usted teme sobre todo por usted mismo. Ésa es la verdad, pero usted no se
convertirá jamás en rinoceronte, de veras… usted no tiene vocación.
Berenguer: ¡Y así estamos, y así estamos! Si
los dirigentes y nuestros conciudadanos piensan como usted, no se decidirán a actuar.
Dudard: De todos modos no va a pedir ayuda al
extranjero. Este es un asunto interno, concierne únicamente a nuestro país.
Berenguer: Creo en la solidaridad
internacional…
Dudard: ¡Usted es un Quijote! ¡Ah! no lo digo
con mala intención, no quiero ofenderlo. Es por su bien, usted lo sabe, porque,
decididamente, debe calmarse.
Sin
embargo, Berenguer no quiere ni desea un rinoceronte sino simplemente una
persona que quiere sentir su instinto, algo que un rinoceronte es incapaz de
hacer.
¿Usted cree que estoy fuera de mí? Se diría que
soy Juan. ¡Ah!, no, no, no quiero volverme como Juan. ¡Ah!, no, no quiero
parecerme a él. La filosofía no es mi fuerte. No he hecho estudios, usted tiene
diplomas. Por eso está más cómodo en la discusión, yo no sé qué responder, soy
torpe. Pero siento que usted está equivocado… lo siento instintivamente o más
bien no, el rinoceronte es el que tiene instinto, yo lo siento intuitivamente,
ésa es la palabra, intuitivamente. […] Intuitivamente quiere decir:… ¡eso y
punto! Siento, porque sí, que su tolerancia excesiva, su indulgencia generosa…
en realidad, créame, es debilidad… ceguera…
¡Pensar que el mal viene de nuestra casa!
(Ionesco, p. 124).
Por
supuesto, en Rinoceronte hay lo que
se conoce como metarreferencia, que es una obra hace una referencia a sí misma,
es decir, como si rompiera la cuarta pared. Esto ocurre cuando Jean le sugiere
cultivarse a Berenguer viendo las obras de teatro de Ionesco, del propio autor.
Berenguer responde que nunca ha oído hablar de Ionesco (Ionesco, p. 33), a lo
que Jean le dice que se presentando una. La propia locura del teatro de lo
absurdo.
Se ha
dicho que Rinoceronte es una crítica
al fascismo y al nazismo. Como alguien que ha leído novelas de este tipo como Eso no puede pasar aquí, la cual reseñé
el año pasado, sí lo es. A medida que la obra avanza, la cantidad de
rinocerontes va aumentando lo cual simbolizaría a aquellos que se unieron a
grupos fascistas por presión, desesperanza, convicción propia o seguir a
alguien más. Las conversaciones y la manera cómo los personajes hablan de los
rinocerontes y se unen a ellos es un espejo de las personas que unieron a eso
movimientos porque de verdad creían en ello. Sin embargo, el hecho de la que
las autoridades también se convierten en rinocerontes muestra cómo estos
movimientos se apoderaron de los organismos gubernamentales. Lo mismo ocurre
con los medios de comunicación, que solo reproducían mensajes fascistas. Sí,
con ello Ionesco muestra cómo una ideología extremista puede apoderarse de las
personas, de las autoridades, de los medios de comunicación, de todo, al punto
de quitarles el pensamiento propio.
Hablando
de esto último, Berenguer termina siendo el único dispuesto a luchar contra los
rinocerontes. Desde el principio, se estableció que nunca sería un rinoceronte,
tal como él mismo lo afirma y también Dudard:
Yo no tengo ningún cuerno. ¡No lo llevaría
jamás! (Ionesco, p. 43).
Usted teme sobre todo por usted mismo. Ésa es la
verdad, pero usted no se convertirá jamás en rinoceronte, de veras… usted no
tiene vocación (Ionesco, p. 111).
¿Por qué Berenguer nunca se convertiría en rinoceronte? Porque es
alguien que quiere mantener el pensar por sí mismo y considera que el cada vez
mayor número de rinocerontes es una amenaza a largo plazo, al quitarles la
individualidad a las personas y convirtiéndolas en rinocerontes. Al ver todo,
Berenguer decide convertirse en el último hombre en pie y que no se convertirá
en rinoceronte.
En conclusión, Rinoceronte
es una obra con un estilo alegórico y que juega mucho con la lógica. Esto último
puede darle complejidad a la obra pero al mismo tiempo puede convertirla en un
texto poco accesible. En lo que respecta a su estilo alegórico, aunque me gusta
este también es algo difícil de comprender. De hecho, es una de obras que es
necesario leer al menos dos veces para tener una mejor comprensión, por lo que
si no te gusta leer dos veces una novela para leerla, puede que Rinoceronte no sea para ti.
BIBLIOGRAFÍA
Ionesco, E. Rinoceronte.

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