EL SIGLO DE LAS LUCES

Esta semana y antes de entrar a un nuevo Mes del Amor y de la Amistad, retomo el reto literario con la novela El siglo de las luces del escritor cubano Alejo Carpentier, al cual retomo después de haber analizado El reino de este mundo, El arpa y la sombra y El acoso.

El siglo de las luces se divide en 48 capítulos distribuidos en siete partes o capítulos como son llamadas en la novela. El primer capítulo está dividido en 11 partes, el segundo 12, el tercero 5, el cuarto y el sexto 6, el quinto 5 y el séptimo y último, uno solo. Se publicó por primera vez en 1962.

El primer capítulo nos presenta a los hermanos Carlos y Sofía y a su primo asmático Esteban. Los dos primeros acaban de quedarse huérfanos de su padre y ahora los tres tienen mucho dinero pero no saben qué hacer ahora que su padre ya no está. Un día, reciben la tarjeta de un hombre llamado Víctor Hugues, el cual se vuelve amigo de los tres jóvenes, en particular de Esteban luego de encontrar un médico que lo ayuda con su asma al punto de que esta no vuelve a molestarlo, al menos durante varios años. Luego de que un huracán destruyera la casa familiar, Víctor decide llevarse consigo a Esteban y a Carlos a Port-au-Prince a iniciar una nueva vida pues allí tienen un negocio como panadero y propiedades, dejando a Carlos a cargo de los bienes familiares en la Habana y, después de una breve travesía, a Sofía en Santiago de Cuba con unos comerciantes amigos de su difunto padre.

En Port-au-Prince, Víctor introduce a Esteban en la orden masónica a la que pertenece e intenta ganarse con su panadería. Pero el estallido de la Revolución Francesa tuerce las cosas ya que los esclavos se vuelven en contra de sus amos, por lo que Víctor y Esteban huyen a Guadalupe.

En el capítulo segundo, Esteban sube peldaños en la orden masónica de la Isla de Aix, su nuevo destino, cuyos miembros lo introducen en la literatura de La Ilustración y en la Declaración de los Derechos del Hombre, por lo que se convierten en un ferviente revolucionario. Cuando a Víctor se le ofrece un puesto como gobernador de Guadalupe o de Saint-Domingue si no logra desembarcar en Guadalupe, dado que los ingleses se han hecho con el control de varias islas antillanas aprovechando el desorden en Francia.

En Guadalupe, Víctor logra aplacar una revuelta con puño de hierro y con la guillotina, llevándolo a ser apodado el Robespierre de las Islas. Esto hace dudar a Esteban pues se da cuenta de que la Revolución no es el sueño perfecto que en un principio creyó.

Luego de dejar su puesto en Guadalupe, en el tercer capítulo Víctor se convierte en corsario, saqueando barcos con una gran violencia que acaba repugnando a Esteban y guillotinando a sus enemigos. Sus acciones llevan a los Estados Unidos a declararle la guerra a Francia, por lo que Víctor decide enviar a Esteban a Cayena para alejarlo del peligro.

Para el cuarto capítulo, Esteban llega a Cayena, la capital de la Guayana Francesa a donde envían a los presidiarios. Ver las terribles condiciones de vida de esos hombres hace que Esteban añore a sus primos y decida regresar a Cuba. Antes de llegar a Cuba, hace una breve escala en Paramaribo y presencia la tolerancia religiosa y la tranquilidad que ello brinda en las colonias holandesas.

En el quinto capítulo, Esteban pone sus pies por primera vez en Cuba después de muchos años. Allí se reencuentra con Carlos y Sofía, con el primero logrando unos exitosos negocios y con la segunda casada con el socio de Carlos. Esteban solo tiene deseos de estar con su familia después de tantas desilusiones, pero siente que Sofía ha dejado sus pensamientos anteriores al casarse. En realidad, Sofía sigue siendo tan fiel a sus ideales aventureros como antes, algo que Esteban se daría cuenta tiempo después, cuando el esposo de Sofía muere. Entretanto, Carlos aprovecha su posición para empaparse con los textos de la Revolución, algo que llama la atención de las autoridades para registrar la casa en busca de propaganda subversiva. Esteban distrae a las autoridades mientras Sofía huye y se embarca con rumbo a Cayena para encontrarse con Víctor, por quien tiene una limerencia desde que lo conoció por primera vez en Cuba.

Ya en el sexto capítulo, Sofía llega a Cayena y se aloja en una mansión. Con el tiempo se reencuentra con Víctor, convertido en Agente del Directorio, y los dos viven en concubinato. Durante su tiempo en Cayena, presencian el cambio de siglo y cómo los logros de la Revolución como el laicismo y la abolición de la esclavitud desparecen bajo el mandato de Napoléon. Luego de que enviaran a Cayena los soldados de la campaña a Egipto, tiene lugar la epidemia de peste que los afectó. Uno de los residentes en Cayena que se enferma de la peste es Víctor, al cual Sofía cuida hasta que se recupera, después de lo cual parte con rumbo desconocido.

Para el séptimo y último capítulo, la acción tiene lugar en Madrid, a donde Sofía ha llegado para pedir el indulto de Esteban, preso en Ceuta luego de los acontecimientos en el quinto capítulo. A pesar de las acusaciones de practicante de la masonería y de difusor de propaganda subversiva, Esteban es indultado gracias a Sofía y se va a vivir con ella, además de que Carlos llega de Cuba para estar los tres juntos de nuevo. Pero al poco tiempo, estalla la Guerra de Independencia en España, algo que despierta una vez más el espíritu de lucha y de aventura de Sofía, que se une a los patriotas, con Esteban siguiéndola, dejando un final solemne como satisfactorio.

A pesar del gran enfoque que posee Víctor Hugues, los protagonistas de El siglo de las luces son sin duda Esteban y Sofía. Esteban es primo de Carlos y Sofía y ha vivido con ellos desde la muerte de sus padres. Desde joven ha sufrido asma, por lo que no salía mucho de casa. Fue gracias a un médico que quema las plantas cercanas a la ventana de su cuarto que Esteban logra tener una recuperación casi total de su asma.

Con su salud en mejor estado, Esteban decide acompañar a Víctor Hugues en sus viajes luego de que el huracán destruye la casa familiar porque los aires de la Revolución Francesa están influyendo en su manera de pensar y quiere conocer mejor sus ideales. Por eso acompaña a Víctor a Port-au-Prince, deseoso de impulsar allí dichos anhelos; sin embargo, el levantamiento de los esclavos contra los colonos blancos lleva a Esteban y a Víctor a irse de Port-au-Prince y a partir hacia la metrópoli.

En una pequeña isla cercana a las costas francesas, Esteban tiene acceso a libros pilares de la Revolución Francesa y es introducido a la masonería por Víctor Hugues. Allí se convierte en un ferviente revolucionario y en un masón convencido, por lo que no duda en querer expandir los ideales de revolución en las Antillas. Por ello, acompaña a Víctor al nuevo puesto de gobernador de Guadalupe que este recibe.

Sin embargo, las noticias que llegan a Guadalupe desde París y la manera cómo Víctor aplaca las rebeliones hacen que Esteban reflexione sobre la Revolución. Él se pregunta si era necesario que la Revolución degenerara en regímenes opresivos ante la falta de un liderazgo óptimo. Además, empieza a ver lo peor de la personalidad de Víctor y quiere alejarse de ello, viendo la asignación hacia Cayena como la oportunidad perfecta.

Contrario a lo que esperaría, el viaje de Esteban a la Guayana Francesa hace que sienta aún más desilusión por la Revolución o al menos en lo que se ha convertido. Con ello en mente, decide regresar a Cuba para volver a ver a sus primos, en particular a Sofía, a la cual no ha podido olvidar. No sorprende que se muestre decepcionado ante el matrimonio de Sofía y su aparente indiferencia ante sus antiguos ideales aventureros. Pronto se da cuenta de que Sofía nunca los dejó, solo los pospuso. Es para que ella pueda vivir sus sueños viajeros que Esteban decide sacrificar su libertad y hacerse arrestar, sabiendo que su destino era la muerte o la prisión. En efecto, sería enviado a Ceuta y solo saldría de allí años después gracias a las intermediaciones de Sofía.

Sofía es el típico arquetipo femenino de la seda que esconde el acero. Criada en un convento, pronto decide que el mundo exterior es mucho más llamativo, por lo que al morir su padre, toma la decisión de quedarse junto a su hermano Carlos y a su hermano Esteban, con el que siempre ha sido muy cercana.

En un principio, Sofía se muestra como la típica niña de papi y mami: consentida e intolerante, al mostrar su desprecio por los afrodescendientes. Con la llegada de Víctor Hugues, su anterior racismo desaparecido cuando un médico afrofrancés salva la vida de Esteban, dándose cuenta de que sus prejuicios no tenían ningún fundamento. También se siente atraída Víctor y trata de estar junto a él, lo cual no resulta, pero eso no es un problema para ella cuando lo acompaña junto a Esteban en barco luego del huracán. Allí ella aprende a pescar y se enamora de los viajes marítimos además de Víctor; sin embargo, debe decirle adiós a la aventura cuando Víctor y Esteban decide que el viaje a Port-au-Prince sería demasiado arriesgado para ella. Sofía se queda en Santiago de Cuba con unos comerciantes amigos de su padre.

Durante el tiempo que ella fue dejada en Santiago hasta que se reencuentra con Esteban varios años después, se casó con el socio de su hermano, algo que no agradó a Esteban, pues lo consideraba como un emparejamiento con las familias irlandesas que tienen el poder económico en Cuba y creía que Sofía había dejado de lado su personalidad aventurera. En realidad Sofía nunca dejó sus deseos de viajar, simplemente quiere esperar el momento, lo cual llega con la muerte de su esposo. Tras este acontecimiento, se embarca hacia Cayena para reencontrarse con Víctor, como si se hubiera liberado de una pesada losa.

Ya en Cayena, Sofía pasa un tiempo en una casa alquilada hasta que se reencuentra con Víctor y los dos viven como concubinos hasta que llega el mal de Jaffa. Es ahí cuando Sofía se da cuenta que Víctor no es el hombre que ella creía, por lo que después de cuidar a Víctor cuando este contrae el mal de Jaffa, los dos deciden separar sus caminos. De ahí, Sofía se traslada a Madrid para pedir la liberación de Esteban, algo que logra. Pero incluso en Madrid, Sofía descubre que no puede dejar de lado su deseo de aventura, por lo que, junto a Esteban, se une a los patriotas en contra de los franceses y es la última vez donde ambos se lo ve. Para entonces, Sofía se ha convertido en una leyenda en Madrid y es apodada como La Cubana.

Víctor Hugues es el tercer protagonista de la novela. Al principio, él se muestra como un mentor para Esteban al punto de instruir en los libros e ideales de la Ilustración y de la Revolución Francesa e introducirlo en la masonería.

Sin embargo y a lo largo de la novela, es posible ver que Víctor Hugues no es leal a ningún ideal pues no duda en cambiar de bando de acuerdo a las circunstancias. Fue defensor de la Guillotina y de Robespierre pero no tuvo ningún problema en aceptar la autoridad del Directorio y convertirse en funcionario de dicho gobierno, así como después aceptar el consulado y el Primer Imperio a pesar de que este reinstauró la esclavitud, misma que Víctor reprobó durante los primeros años de la Revolución. Inicia a Esteban en la masonería, pero luego se vuelve enemigo de esta organización. En fin, solo le importa seguir adelante con su vida sin importar el cambio de manos en el poder.

Ogé es el médico amigo de Víctor Hugues. Tiene un conocimiento ancestral sobre las plantas, lo que le permite ejercer medicina ancestral. Gracias a esa sapiencia, logra mejorar el asma de Esteban y permitirle al joven por fin tener una vida plena, algo que hasta entonces no podía hacer por la severidad de su enfermedad. Sigue a Víctor Hugues y su grupo hasta Port-au-Prince, pero el levantamiento de los esclavos con sus amos hacen que él decida distanciarse de Víctor y quedarse allí, permitiendo que Víctor y los demás ocupantes de barco huyan antes de que sean asesinados.

La novela retrata la evolución en el pensamiento y en la personalidad de las personas jóvenes a través de los acontecimientos históricos. Esteban pasa de ser un muchacho enfermizo a ser un hombre que busca defender los ideales de la Revolución Francesa e inculcarlos. Sofía pasa de ser una jovencita altiva, tradicionalista y racista a una mujer preocupada por los suyos, aventurera y determinada. Aunque Carlos nunca deja Cuba, adopta la Ilustración en su visión y quiere plasmarla en sus negocios. Víctor Hugues es un caso especial pues al principio parecía un hombre comprometido con la Revolución solo para que el lector comprenda que no es así: solo es una persona que quiere arrimar al árbol que mejor sombra aporte.

Como ocurre con la mayoría de las novelas de Alejo Carpentier, la historia es una parte fundamental en la novela, por no decir que la principal. En El siglo de las luces, la Revolución hace que los personajes cambien su manera de pensar. Tanto Esteban como Carlos adoptan los ideales de la Ilustración y espera que esto pueda generar un cambio en Cuba. En el caso de Esteban, busca generar un cambio alrededor del mundo, solo para darse cuenta de que la Revolución no es perfecta y de hecho quienes forman de ella son personas despiadadas y corruptas. Sin embargo, eso no significa que Esteban renuncie a sus ideales revolucionarios: simplemente quiere que la Revolución se extienda pero con personas más comprometidas y menos deseosas de usar el terror como medio.

Sofía es un caso interesante. Si bien las mujeres en la Revolución Francesa estaban en segundo plano, la irrupción de esta hace que ella decida que pasara el resto de su vida viajando para vivir aventuras, algo que no sería lo habitual en una mujer de su tiempo y de su posición. Esto lo lleva a convertirse en bucanera e incluso en combatiente. Sin embargo, no por ello Sofía deja de lado su feminidad: es una persona comprometida cuando se trata de cuidar a los enfermos y está decidida a mantener un amor libre en lugar de uno que le impida realizarse.

No me mentiré. Si bien me gusta, El siglo de las luces tiene una narración bastante enmarañada, al igual que la mayoría de las novelas de Carpentier, lo que hace necesario una lectura muy detallada o una relectura. También el realismo mágico está menos presente, ya que se nos presenta una historia más realista; aun así, hay pasajes en los que se puede notar el realismo mágico. A diferencia de El reino de este mundo, los personajes de El siglo de las luces son más complejos y evolucionan más, pero siento que la trama no es tan atrapante como en otras novelas de Carpentier. ¿La recomiendo? Sí, sin duda.

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