LA CUESTIÓN FEMENINA EN LA REGENTA
Para terminar con el Mes de la Mujer, paso de la Nueva York de mediados del siglo XIX a la España del mismo siglo, pero quizá un poco más tarde o la misma época. Pasamos de una mujer que se mueve entre el amor y el deber a una que se tiene que mover entre las restricciones que se le imponen a su sexo y la hipocresía de la sociedad. Además, se atreve a explorar aventuras por fuera del matrimonio. Por supuesto, hablo de La regenta del escritor Leopoldo Alas «Clarín». Por supuesto, no analizaré la novela al completo por su longitud y complejidad. Me centraré en un tema en particular y ese será la cuestión femenina.
Algo que se ve en la novela es el valor que se
le da la reputación de la mujer. Por ejemplo, la madre de Ana, aun después de
muerta, es tratada de forma negativa debido a su baja extracción social y a su
origen italiano. Por tal motivo, Ana es tratada por las demás jóvenes de la
alta sociedad de Vetusta la tratan con cautela y desprecio.
Al mismo tiempo, se muestra la hipocresía de la
sociedad en lo que respecta a la mujer. Como he dicho en novelas como Las relaciones peligrosas y Washington Square, siempre se espera que la mujer mantenga una reputación inmaculada
ante los demás, por lo que lo que ella haga o se diga de ella puede ser su
exaltación o su perdición.
Es fácil ver esto en La regenta. Cuando
las tías de Ana descubren que ella escribe versos, la llevan con su clérigo de
confianza y concuerdan con ellas de que dedicarse a la poesía no es una
profesión digna para una mujer, por lo que ellos la obligan a dejar la poesía.
Cuando Ana contrae matrimonio con don Víctor
Quintanar, ex regente de la audiencia de Vetusta, todas las mujeres la empiezan
a tener en cuenta para sus eventos sociales y la apodan La Regenta, que más
tarde se extiende a casi toda la ciudad; de esta manera, convirtiéndola en unas
de las miembros más prominentes de la alta sociedad, pese a que antes la tenían
como de poca importancia por la baja cuna de su madre. Por supuesto, luego de
que tenga lugar el duelo entre Víctor y Álvaro Mesía, Ana sufre una muerte
social, la cual a ella a esas alturas no le importa mucho.
Pero la reputación social no era solo algo que
una mujer debía de cultivar, también debía de mostrar como una mujer creyente,
es decir, con una relación muy estrecha con Dios. Algo que se muestra en La
regenta es cómo la religión reprime a la mujer hasta no permitirle expresarse
como desee. Ya mencioné antes lo de Ana y cómo la obligaron a dejar la poesía.
En La regenta, el clero insta a la
población a aceptar sus creencias y desalienta las creencias que no son de su
agrado. Para ellos, la mujer debe dedicarse al hogar si está casada, pero
considera que no está mal entregar su vida a Dios si quiere, sin importar que
las condiciones de vida no sean las mejores. Cualquier sacrificio que la mujer haga
en nombre de Dios está bien a sus ojos.
Si una mujer está casada debe dedicarse a su
esposo y creer completamente en Dios, ya que una mujer atea no tiene ningún
tipo de concepto. Ana intenta tener una creencia fuerte en Dios, por lo que
acude a su confesonario de confianza, el Magistral Don Fermín De Pas, pero no
solo ella no solo no logra creer de manera sólida en Dios (aunque todos creen
que sí), sino que ella y Fermín se convierten en afines. Incluso en amantes.
Ante la necesidad de mantener una imagen
externa pura y no poder sostener una creencia firme en Dios, lo que más desea
Ana es ser madre. Ella considera que ser madre es lo único que podría darle
sentido a su vida y que podría manejar al no haber podido ser poetisa, estar
supeditada a la sociedad conservadora y religiosa que la rodea y vivir en un
matrimonio infeliz. Sin embargo, incluso esto resulta en una frustración para
ella porque ella y su esposo nunca tienen un hijo. El no tener un hijo hace que
como mujer se sienta inútil, algo que me recuerda a Jacinta de Fortunata y Jacinta.
A diferencia de otras cuestiones femeninas que
ya he tratado en otras novelas como, por ejemplo, Guerra y paz, la mujer
no tiene tanta potestad en el matrimonio. Si un hombre pide su mano a su
familia, debía contraer matrimonio con él así fuese un hombre mayor que ella,
como es el caso de Ana cuyo contrayente tiene edad suficiente para ser su
padre.
Por supuesto, al ser un matrimonio concertado
es evidente que la sintonía entre marido y mujer va a ser menor y que la
diferencia de edad se va a profundizar, algo que ya había tratado en El sí de las niñas. Por ejemplo, Víctor Quintanar ve a Ana más como una hija que como
su esposa. Ana también siente lo mismo hacia Don Víctor. Además, Víctor
prefiere la caza y el teatro que intentar tener un hijo con Ana.
Insatisfecha con su vida como esposa y mujer y
al no encontrar la respuesta en un entorno atiborrado de religión e hipocresía,
Ana siente la necesidad de buscar un escape de su vida aburrida. Para su
desgracia, no hay una persona que ella pueda considerar una verdadera amiga ya
que todas las mujeres de su clase son falsas o no puede compartir detalles tan
íntimos con alguien de su círculo. Sin embargo, pronto entra alguien en su vida
con el que puede hablar de forma íntima: el Magistral don Fermín de Pas.
Para concluir, aunque La regenta tiene
elementos similares a Madame Bovary, Ana no es tan romántica como Emma Bovary. Más bien, solo quiere
algo que le dé sentido a su rutinaria y vacía vida en lugar de vivir una vida
idealizada. También quiere alejarse del fanatismo religioso e hipócrita de la
sociedad que la rodea. Para Ana, aunque ya no sea vista como una mujer virtuosa
a los ojos de Vetusta, solo quiere seguir viviendo su vida bajo sus propios
términos.
Este mes hemos repasado a una joven sobre la
que quieren tomar sus propias decisiones, varias mujeres que se convierten en
botín de guerra, una mujer entre el amor y el deber y una mujer que quiere
encontrar un escape a su vida vacía y a la hipocresía social que la rodea.
Espero que las lecturas del siguiente mes sean igual de provechosas. Disfruten
esta Semana Santa como mejor les parezca mientras les doy un descanso. Gracias
y hasta luego.
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